Nombre oficial: República de las Maldivas
Superficie: 298 km²
Población: 310.764 hab.
Capital: Malé (62.973 hab.)
Nacionalidades y etnias: de origen cingalés, dravídico, negro-africano y
árabe
Idioma: divehi
Religión: musulmana, de mayoría sunní
Electricidad : 220w
Moneda: Rufia. Cada rufia se divide en 100 Laaris.

AEROPUERTO: El aeropuerto internacional de Male está situado en la isla de Hulule. Existen también cuatro aeropuertos domésticos ubicados en Hanimadhoo, Kadhdhoo, Kasdedhdhoo y Gan, que se utilizan para el interior.

CLIMA:
El clima en las Maldivas viene determinado por los monzones, que soplan del suroeste desde abril hasta septiembre/octubre y del noroeste, desde noviembre a febrero/marzo. Los monzones que soplan del suroeste traen más lluvias y viento, mientras los del noroeste son más secos y con viento escaso. La temperatura del aire se sitúa todo el año entre los 24 y 32 grados, y la del agua, entre 27 y 29 grados.
ROPA:
Es recomendable llevar ropa ligera de algodón. Hay que tener en
cuenta el carácter musulmán del país, por lo que no está permitido el
nudismo y es aconsejable vestir con discreción.
TASAS DE AEROPUERTO:
A la salida de Maldivas, el turista tendrá que pagar 15 dólares USA por este
concepto. Este tipo de tasas, son susceptibles de cambio, sin previo aviso en
cualquier momento.
VISADO:
Todos los turistas con un pasaporte válido con al menos 6 meses de
vigencia, obtendrán un visado por un periodo de 30 días a la entrada

MALDIVAS

ALGO DE HISTORIA
Los primeros habitantes probablemente arribaron al archipiélago procedentes de Ceilán (Sri Lanka) y del sur de India antes de 500 a.C.
Se cree que ya en 2000 a.C. las islas estuvieron situadas en la encrucijada de rutas comerciales de diversas naciones marítimas. Los maldivos mantienen que un antiguo pueblo de adoradores del sol, los redin, fueron los primeros habitantes de las islas, y dejaron como herencia las creencias y costumbres relacionadas con los espíritus malignos o jinnis, aún vigentes en la actualidad.
La conversión al islamismo en 1153 d.C. marca un antes y un después en la historia de Maldivas.
Los portugueses, deseosos de controlar una porción mayor de las lucrativas rutas comerciales del océano Índico, construyeron un fuerte y una fábrica en Malé, pero de inmediato pretendieron obtener mayores beneficios de los maldivos. En el siglo XVII, Maldivas pasó a estar bajo la protección de los neerlandeses y, posteriormente, de los británicos, pero ninguno de ellos dispuso un gobierno colonial. Hacia 1860, los mercaderes borah procedentes de Bombay establecieron almacenes y comercios en Malé y de inmediato monopolizaron el comercio exterior. El sultán Mohamed Muenudín II, molesto por el creciente poder económico de los borah, firmó un acuerdo con los británicos en 1867 que garantizaba la plena independencia de las islas. El archipiélago se convirtió en protectorado británico (1887) y permitieron a Gran Bretaña construir instalaciones de defensa.
En 1933, se estableció la primera Constitución de las islas. En 1953 se proclamó la república con Amin Didi como primer presidente. Transcurrido menos de un año, Didi fue derrocado y se restableció el sultanato. En 1968, tras un referéndum, el sultanato volvió a ser abolido; se creó una nueva
república con Nasir como presidente. Los últimos años se han caracterizado por la modernización, el rápido crecimiento económico y una mejora de gran parte de los indicadores sociales. Los principales
responsables de este crecimiento incluyen la industria pesquera, el turismo y la ayuda exterior.

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Malé
Pequeña, singular y densamente poblada, Malé (pronúnciese [Marlay]) no puede considerarse un emplazamiento espectacular, pero se trata de una capital muy suya. Esta urbe, limpia y ordenada, posee mezquitas, mercados, un laberinto de callejuelas y mucho encanto. Aunque en ocasiones pueda parecer una aletargada localidad rural, surgen nuevos edificios por doquier y la localidad parece estar a punto de reventar.
La isla de Malé posee unos 2 km de longitud y una anchura de 1 km, y rebosa edificios, carreteras y algunos espacios abiertos bien aprovechados. Oficialmente, cuenta con 65.000 habitantes pero, añadiendo los trabajadores extranjeros y los visitantes procedentes de otras islas, esta cifra puede ascender a cien mil; de hecho, es la impresión que ofrece. La isla ha duplicado su tamaño mediante la recuperación de terrenos; las islas cercanas han adquirido funciones determinadas, como de aeropuerto. Existen proyectos para desarrollar otras islas y reducir la presión que se ejerce sobre Malé.
Entre los modestos atractivos de la urbe, figura el Museo Nacional, que expone caóticamente objetos pertenecientes al sultán y diversas muestras de los hallazgos arqueológicos realizados por Thor Heyerdahl (numerosas esculturas antiguas y figuras de piedra aparecen en su libro El misterio de las Maldivas). En las proximidades de la institución cultural yace el agradable parque del Sultán, así como la imponente gran mezquita del Viernes, que destaca en el perfil de la ciudad.
Más de una veintena de mezquitas aparecen diseminadas por la población, aunque algunas se limitan a una sala de coral con techo metálico. La más antigua, la Hukuru Miski, es célebre por sus intrincadas piedras esculpidas. Un largo panel, tallado en el siglo XIII, conmemora la introducción del islamismo en Maldivas, mientras que, en el exterior, un cementerio alberga la tumba de Abdul Barakatul Barbari y las lápidas de antiguos sultanes.
Entre los restantes puntos de interés, figura el bazar Singapur, un conglomerado de comercios que disponen de objetos de artesanía local de calidad y un surtido de bagatelas para turistas, ya sean locales o importadas.. En los numerosos salones de té, los hombres maldivos degustan las comidas breves (pequeños tentempiés), fuman, mascan y charlan.

INFORMACIONES VARIAS
Aunque los espectáculos de música y danzas tradicionales no llegan a celebrarse a diario, existe una fuerte cultura divehi contemporánea con gran capacidad de adaptación, pese a las influencias extranjeras, que abarcan desde la filmografía india a las artes marciales, pasando por Michael Jackson y el fundamentalismo islámico.
Las modas occidentales, la música pop y los vídeos resultan habituales en la capital, pero en las celebraciones públicas, como el comienzo y el final del Ramadán, los festejos siempre mantienen las peculiaridades maldivas. Existen tres periódicos y varias revistas en la única lengua nacional, grupos de rock divehi y edificios de plantas inspirados en la arquitectura de las construcciones tradicionales del archipiélago. Bodu beru designa a un gran tambor que ha cedido su nombre a la música y danza tradicionales más conocidas. Los hoteles turísticos ofrecen interpretaciones en las veladas dedicadas a la cultura local, que pueden resultar un espectáculo refinado e interesante: los bailarines comienzan con un lento balanceo de brazos que se va acelerando siguiendo la cadencia, para concluir con un ritmo endiablado. Los grupos locales de rock a menudo actúan en establecimientos turísticos donde realizan convincentes versiones de éxitos de toda la vida. Al tocar ante un público local, tal vez incorporen elementos de bodu beru en su música, con mucha percusión y largos solos de tambor. Las cintas de los conjuntos locales pueden adquirirse en los establecimientos de música de Malé.

Los maldivos, musulmanes sunníes, profesan el islamismo. Si bien está
prohibida cualquier otra religión, perviven antiguas creencias: los isleños temen a los jinnis, espíritus malignos que llegan del mar, la tierra y el cielo, a quienes se culpa de todo aquello que no puede explicarse mediante la religión o la ciencia.
El pescado y el arroz constituyen los alimentos básicos de los maldivos,
mientras que la carne y el pollo únicamente se comen en ocasiones especiales. Los platos nacionales se basan en el pescado frito, el pescado al curry y la sopa de pescado. El arecanut (nuez oval que se masca junto con hojas de betel, clavo y lima) puede considerarse el equivalente a nuestra copita después de la cena. El alcohol únicamente se encuentra en los establecimientos turísticos. La bebida local, el raa, es un delicioso y dulce ponche que se extrae de la copa del tronco de la palmera. Además del coco, escasas frutas y verduras crecen en las islas, por lo que la mayoría de los alimentos que se sirve a los turistas es importada.